Contingente

by Administrator 8. julio 2009 09:50

 

 A Paul Celan

           “La cicatriz del tiempo se abre y  cubre la tierra de sangre”.  Apunta con el fusil. Las arrugas surcan sus lágrimas como navegantes enjutos. El ojo se encarama en la mira y lo encrespa el resplandor. “La meretriz del tiempo se nutre y ubre de sangre la tierra”. Se congelan los segundos en cuajarones baratos de calostro estéril.  “La bisectriz del tiempo se pliega y tunde la tierra de sangre”. Atraviesa el espacio a lomos del estampido que rebusca su rayo. El bisturí disecciona el ángulo exangüe en la morgue oscura… La boca morada, la lengua hendida en su frenesí último. “La cicatriz de tierra se cubre y pudre la sangre del tiempo”. El golpe seco del cuerpo que se desbarata en el lance postrero de dados, palillos, runas, prendas, monedas, “tres con las que saques”.  Siempre el blanco en blanco. Ignorancia de la pérdida. “La tiempo se tierra de cubre y sangre la abre del cicatriz”. Afasia. Agramatical. Agnosia. Apenas anda/nada/adan/adn… 

De Entremundos

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Tímido amor de alondra leve

by Administrator 8. julio 2009 09:37

 

TÍMIDO AMOR DE ALONDRA LEVE,

tenue fragor de luz dorada,

te descubro ansia de boca

y beso

y sombra

y luego nada.

Ángel ingrato tan a mis penas,

ánima sin labios ni sepulcro,

calcinas mis segundos como antorchas

postreras que desmueren mi nostalgia.

 

Te tengo tan a flor de todo lo posible,

te siento tan sumamente mía y transitable

que como sed de mi garganta te reclamo

y te bebo sin beberte ya embebida

en la más profunda y tan nocturna soledad

que sola pueblas con tu dulce nombre.

 

En brazos del pesar te abalanzaste,

te alzaste altanera e indolente

en la cima del desdén de mis caricias....

¿Y pretendes tú quererme y que te quiera?

 

Con desgana y asombrosamente quieto

reverbero en el eco de tu ausencia,

reverdecen infantilmente mis dedos

desandando el suave valle de tus pechos

en lo más tenaz y vivo del recuerdo.

 

Alondra dura,

halcón errante,

viento desierto,

vela sin jarcias,

grumete triste

                                                           mi corazón

cadena blanda

¡cuánto te tardas!

 

De Dulce pesar culpable

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Despedida

by Administrator 7. julio 2009 11:57
 
 

          Tímidamente la vida despliega su estrategia con silenciosa calma. Urde nuestros días, tañe nuestra risa y tensa nuestro miedo hasta callarnos la voz.

          Lúcidamente la vida inyecta su anestesia con sigilosa espuela. Nutre nuestra muerte, palpa nuestro anhelo y guía nuestros pasos hasta alcanzar el final.

          Trágicamente la vida empuña nuestras riendas con similar fortuna. Curte nuestras ansias, lima nuestros dientes y clava nuestra pena sobre un luto de cartón.

          Últimamente escucho la música tímida de mi sangre lúcida que se cierne trágica sobre mi futuro como una cascada de silencio rojo que vulnera el tiempo que perdí al nacer.

De Entremundos 

 

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No te muevas

by Administrator 7. julio 2009 11:46

 

NO TE MUEVAS.

No digas nada.

Solo siente.

No te creas que la noche ampara

tu silencio de metal y olvido.

Sólo deja murmurar al viento

y cobija retador o atenazado

en tu garganta el miedo.

Háblate al oído de tu boca muda,

cuéntate mil veces tus desastres...

 

Pero no te muevas:

Llora solo quedamente,

llora solo hasta secar

las lágrimas renuentes

del saldo que te tocó plañir

por tu inocencia.

Llora como llovía en los campos

de tu felicidad bien laborada.

Gime y silenciosamente llora.

Y luego calla.

 

 

De Dulce pesar culpable

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Balada triste

by Administrator 6. julio 2009 09:55
  

          Era muy cuidadosa pero, a veces, se escapaban las  notas de su estuche. Ella ya no podía emitir un sonido más tenue, más apagado y exiguo, pero eso era precisamente lo que permitía que algunas notas, aprovechando su extremada delgadez,  se deslizaran por el ojo de la cerradura,  por los pestillos mal cerrados o por el mínimo resquicio que a veces dejaba la cinta al ser atrapada por la tapa. El caso es que vagaban por el piso en su busca y acababan por esconderse en los rincones con la esperanza de sorprenderle a su llegada. Había aprendido que las notas se caracterizaban por vivir el momento y tener poca memoria. Entonces a ella  no le quedaba otra que entonar el toque de llamada. Pero los sonidos prófugos eran reacios a volver, lo que le obligaba, a su vez, a enviar parejas de compases tras su rastro. Cuando la situación se le iba definitivamente de las manos, partituras casi completas deambulaban perdidas por las distintas habitaciones y la mezcla desacompasada y extemporánea de sus melodías fragmentadas desquiciaba el sueño de todo el vecindario.

          Esto ocurría desde hace más de un año. Exactamente desde la noche en que él murió. Ella la convirtió en un réquiem interminable: Mozart, Brahms, Verdi, Armstrong, Gillespie, Davis… desgranaron sus quejidos lastimeros como una herida sangrante que destilara dolor. Los pistones nacarados que tanto mimara él añoraban la caricia de su  mano izquierda, que ya no volverían a sentir.  Temblaban al recordar el instante en que manos y trompeta se encontraban e iniciaban un diálogo sigiloso, trenzado con sutiles trueques de temperatura, urdido con procesos osmóticos imposibles entre piel y metal, hilado con el dolor compartido del recuerdo de aquella guerra que le cegó y amputó dos dedos de su mano derecha forjándole trompetista zurdo siendo diestro. 

          Ella era consciente de las noches interminables de música bellísima, sí, pero ajena e incapaz de expresar con rigor su pérdida, porque contaba la de otros. Y vistió su desamparada agonía con su propia voz: desplegó fraseos que mitigaran su ausencia insoportable, elaboró digitaciones nacaradas al gusto de su oído y compuso exquisitas piezas de sobria sencillez. Creó música para su amo con la esperanza de recuperarlo del otro mundo como hiciera Orfeo con Eurídice… pero era sólo una trompeta. ¡Si Orfeo fracasó, cómo iba a lograrlo ella!

          Sus pistones sucumbieron en el filo de un agudo lancinante. La sepultaron por fin en el ataúd de su estuche.  Desde entonces descansa en paz pero, a veces, toco su silencio y me calla la tristeza. 

De Entremundos

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Me nacieron de la nada

by Administrator 6. julio 2009 09:44
  

  

                                                                   

Me nacieron de la nada.                                 

Y supongo que estallé:

artificio sin pasado,

conjunción de cromosomas

sin saberlo. Me esbozaron

tributario de la nada,

engañoso bagaje

de supuesta inexistencia.

Porque yo nací con todo

lo que fueron otros antes

de que yo nada fuera.

Perdonadme por el juego

de palabras, pero es así

con independencia

de lo que podáis fantasear.

Porque yo soy sólo

yo aprisionado

en el nombre

que me atrapa.

Para  que  yo fuera

hasta este punto

se gestaron guerras,

se  labraron leyes,

se agradeció  poco

o demasiado

a los hombres grandes

y medianos sus proezas,

a los mezquinos

sus perversas  felonías.

Resumiendo,

 sé que soy

porque

miles de millones

fueron antes.

En la secuencia infinita

de la cosmogonía,

desde el tiempo primordial

allende los eones

había una trabazón

preestablecida,

un equilibrio,

entre la infinita materia

y su ausencia acreditable:

esa que respondía

a mi ser y estar cabal

y riguroso.

Y no es justo ni injusto,

celestial o demoníaco:

 soy yo

por las circunstancias

que me precedieron.

Todo lo demás

son cabezazos a la pared:

podemos vestirlos

con diversos trajes

y camelar determinismos,

fatalidades e injusticias

socialmente inaceptables.

Incluso escudarnos

en diversos proverbios

al efecto y, por tanto,

bobos en su puro contenido:

homo homini lupus

y burdas coartadas

de pelaje semejante.

En este damero universal

cada uno defiende con fiereza

su escaque, y su trayectoria

la trazan normas sin excepciones.

 

Solo recogidas las piezas,

en la caja mueren las diferencias.

De Casi sin sentir que fui 

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Belleza silenciosa

by Administrator 3. julio 2009 11:50
  

Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo

 y las olas en el mar.

Francisco Umbral. Mortal y rosa

 

 

                Aunque  pudiera creer que las nubes en el cielo transitan impulsadas por tus besos, que  las olas del mar se mecen empujadas suavemente por la tenue cadencia de tu cuerpo, he claudicado de creer en ti.

                Entre las palabras dichas expira la tristeza toda de lo posible, como estertor recién  recuperado, pecado tan venial e insoslayable. Decir y luego agonizar callados, fina línea expoliada del silencio, de su desmán último y caprichoso: cada palabra dicha difumina el orden tan estricto de lo mudo y elige un mundo pobre para ser despojo de lo que acaso alcanzara.

               En el tedio de la voz que te nombra renuncias y te extingues al unísono, breve luminaria ahíta de negrura. Padeces como estos endecasílabos disfrazados de prosa desahuciada, percutiendo tambores de desastres, alumbrando atardeceres aciagos, resumiendo con un beso lo muerto.

                Como lo bello de inefable túnica  desnudo, de redondas oquedades cariado, de podridos intereses corrompido, te suplico clemencia, ahora que de tu sangre sin palabras brota la desmesura de tu amor yugulada por mis salvajes manos.

               Te temo aun yerta y fría entre mis brazos: no sé como escapar al maleficio  de  tus ojos abiertos que me buscan y que sin hablar  me acusan, desprecian y delatan fijamente encelados.

De Entremundos

 

 

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Intramuros

by Administrator 3. julio 2009 11:22

 

I  

INTRAMUROS.

Otredad.

Protohistoria vana.

 

Un solo golpe.

Como un beso corriente.

Imposible.Ominoso.

Polvareda lacia.

Un solo beso

como un golpe en los labios.

Incisiones.

Obsidiana brillante que antaño fue rojo.

 Patrimonio vencido de la nave al pairo.

   

 II.

SE POSÓ LA GAVIOTA EN MI JARCIA.  

Casi muerta, hambrienta y helada

buscó su bocado con premura.

Y su pico de pronto es dentado

y sus patas de repente  garras.

[Engendro de mis noches

te meces ya vorágine

con la superior destreza

de todas las guadañas.]

                 

                                III  

 

PALPITAS.

Obcecado.

Ignorancia vana.

 

Un latir distante

como un perro sin amo.

 

Persistente.

Obsoleto.

Inclemente y humano.

  

Un solo perro

como un corazón sin manos.

 

Percutiendo.

Oxidando mi sangre que fuera roja antaño.

Irreverente Simbad abismado en el fondo. 

 

  

IV

Yo era grumete en tus ojos,

en tus dulces labios risa,

radiante en ambos balcones

por la gracia de tus manos.

Por ti me zambullía

sin prevención alguna

en las simas azules

del lecho de tus ansias.

 

Leviatán inocente,

resurgía Ave Fénix

por arte de tu magia.

Competía cual rayo

en alumbrar dorado

el perfil de tu rostro

doblegando la pena

con el ardor de Aquiles.

 

Y ahora, desangelado,

muestro el muñón perverso

de mi dolor ausente

que tan triste me deja.

 

¡Qué solo me devoro,

humano y tan infame,

como los que sin un mal

amor que les sustente

optan por abortar

al fin su singladura! 

 

 

De Últimos designios

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Nunca hables con extraños

by Administrator 2. julio 2009 08:34

 

 

             Leí en el horóscopo del periódico que hoy no era mi día de suerte. Me advertía que anduviera con cuidado y que no entablara conversación con desconocidos.  Era el colmo. No contentos con intentar que creyéramos las noticias casi inconcebibles de la pura realidad, ahora nos asustaban con el hombre del saco. Que no entablara conversación con desconocidos… ¿Será posible? Era para ir a las oficinas del diario y pedir el libro de reclamaciones. “¿Te das cuenta de lo que pretenden?”, me pregunté mientras lavaba mis manos ante el espejo del aseo de aquella estación de servicio. “Sí. Es indignante, tendríamos que hacer algo” dijo mi reflejo. Al principio no le di importancia. Casi ni me fijé en que, realmente, yo no había contestado. Pero lo terrible fue reparar en que yo me lavaba las manos y él no: se había quedado con los brazos cruzados, como esperando a que yo siguiera la conversación. Le debí de mirar como a un espectro. El caso es que ya no medió ni media palabra. Sacó del reflejo de  un bolsillo inexistente un enorme cuchillo y aquí estoy, preso en el espejo observando mi cadáver ensangrentado en el suelo. Y así hasta que venga el siguiente y lea en el periódico su horóscopo para hoy. Espero que éste sea tan desobediente como yo. Si no usurpo su reflejo con el mío, los 21 gramos de  mínima corporeidad que me restan se quedará vagando por el espacio… ¡Quién me mandaría hablar con desconocidos!  

De Entremundos

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Haiku

by Administrator 2. julio 2009 08:28

  

Árbol desnudo,

desmenuzas tus ansias,

vence el otoño.

 

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La noria

by Administrator 1. julio 2009 11:11

          --Niño, tira pa’ dentro.

           Cuatro palabras mal habladas. No salía a mirar lo que yo pudiera estar haciendo. Era innecesario. Ya lo sabía. Actuaba como siempre, con indiferencia, casi con desdén. Pero, ¡ay de mí si no obedecía!

          Poco después de comer un mendrugo de pan ahogado en un sopistrajo inmundo oía:

          --Niño, tira pa’ tu cuarto.

          Cinco palabras mal dichas. Ya estaban las nueve de cada día. Ni una más. Yo no era Benito. “Niño” bastaba. Para qué esforzarse en aprender un nombre... En mi habitación la noche caía como una losa grande y negra que tapiaba mi ventana y aplastaba todos los sonidos. El tiempo de descanso era una tragedia cotidiana en ese cuartucho sin otra cosa que un jergón en el suelo. Si tuviera por lo menos un libro… Llevaba así dos o tres años –me flaquean la noción del tiempo y la memoria-. Hacía cinco que habían muerto mis padres. Por entonces tenía diez años y ningún familiar conocido. Hasta que los servicios sociales me encomendaron al único que se dejó embaucar, rodé de un centro de acogida a otro.

           Con las primeras luces se repetía la misma historia. Los cultivos alrededor del pozo y éste coronado por el engranaje. Y yo vuelta a la noria. Mi “tío” la llamaba de sangre porque yo la movía, como un animal. Yo también la llamaba así, y el látigo sabía bien por qué. Dios parecía estar ocupado fumando en el porche con él.

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Me nacieron de la nada

by Administrator 1. julio 2009 08:43

   

Me nacieron de la nada.

Y supongo que estallé:

artificio sin pasado,

conjunción de cromosomas

sin saberlo. Me esbozaron

tributario de la nada,

engañoso bagaje

de supuesta inexistencia.

 

 

Porque yo nací con todo

lo que fueron otros antesde que yo nada fuera.

Perdonadme por el juego

de palabras, pero es así

con independencia

de lo que podáis fantasear.

Porque yo soy sólo

yo aprisionado

en el nombre

que me atrapa.

Para  que  yo fuera

hasta este punto

se gestaron guerras,

se  labraron leyes,

se agradeció  poco

o demasiado

a los hombres grandes

y medianos sus proezas,

a los mezquinos

sus perversas  felonías.

Resumiendo,

sé que soy

porque

miles de millones

fueron antes.

En la secuencia infinita

de la cosmogonía,

desde el tiempo primordial

allende los eones

había una trabazón

preestablecida,

un equilibrio,

entre la infinita materia

y su ausencia acreditable:

esa que respondía

a mi ser y estar cabal

y riguroso.

Y no es justo ni injusto,

celestial o demoníaco:

soy yo

por las circunstancias

que me precedieron.

Todo lo demás

son cabezazos a la pared:

podemos vestirlos

con diversos trajes

y camelar determinismos,

fatalidades e injusticias

socialmente inaceptables.

Incluso escudarnos

en diversos proverbios

al efecto y, por tanto,

bobos en su puro contenido:

homo homini lupus

y burdas coartadas

de pelaje semejante.

En este damero universal

cada uno defiende con fiereza

su escaque, y su trayectoria

la trazan normas sin excepciones.

 

Solo recogidas las piezas,

en la caja mueren las diferencias.

De Casi sin sentir que fui

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