Del otoño

by Administrator 30. septiembre 2009 11:20
 

ESPERABA TUS PALABRAS
acunadas previamente
en un café del mar de la Paja,
perdón, plaza
± receptáculo empedrado,
adoquinado desdén de bienvenida,
mejor, cita
± mariposas en los nervios,
apoltronado malestar escarnecido.

TAMBIÉN FRÍO
en pequeñas
ráfagas
de bruma,
y tú que apareces en tu bici roja,
en tu risa niña tan anciana
querube añoso/novel demonio
y nuestros corazones en el centro de la mesa
entre vermut, bíter y cerveza sin alcohol desazonados,
todos al borde del brutal desasosiego,
que no vienes,
que te tardas,
carcelero de la pena
que me muero gota a gota
que no vienen
los que se demoran,
nuestro Pedro el grandísimo poeta
-verbo preciso y estudioso de la flora
fememina que rebosa de alegría
nuestros ojos en el metro-,
y Cristian el inefable merodeador
de espacios infiniquitos y certeros,
y mis mexicanas Anel y Roxana
-refugiadas en lós pétalos del manual de las sorpresas,
sexo enigmático-morado, corazón de caramelo,
ventanas, distancias y mosquitos de por medio-
que esperamos
los que ya estamos,
mi María la Torvisco
-puñal preciso de palabras, rizos negros,
risa franca, exuberancia plena-,
mi Marisa amadora de la luz
-crujiente como tímido pan de madrugada,
encinta de vocablos diminutos y certeros-
y yo que apenas rezagado
por taimadas instrucciones imprecisas
alcanzo esdrújulo e inquieto
el grupo mínimo del naufragio del verano
-¡joder, sólo tres en este intento!-

Y POR SUPUESTO VERSOS
reposados, regurgitados, rescatados
de la indolencia del verano y su soleado silencio.

martes de 19 a 21
laboratorio experimental avanzado
para poetas insomnes
para vates desesperados de la prosa
para bardos de dudosa resonancia;
para mí, por ejemplo,
que deambulo Entremundos
poblados de penumbra y miedo.

Por todo lo anterior,
y salvando las posibles causas de desastre,
trasladaré mis huesos a esa rúa empecinada,
pagaré gustoso mi cuota-óbolo-rescate
y escandiré de nuevo mi vida
en el coro de mi circo preferido,
plena polinización bien demorada
de la palabra justa en vuestra boca
admirada-anhelada-auspiciada
por la mía.

Nos vemos en noviembre
Salud y saña
para lanzar versos
como piedras
a la luna de la vida.
(¡A ver si deja de reírse cada noche!)

Fernando Lorente

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Odalisca con pandereta

by Administrator 29. septiembre 2009 14:07

ver

de lejos como si

se

pa

ra

ra

el tiempo

los brazos

las piernas

con

su sudor rosa

de puntillas

y

di

van y

ven

con

migo y aprenderás

lo que no está en los li

be

los

que fuerzan acciones

para bailar

los huesos

los cuerpos

al ritmo oda

lisca

liba toda la sed

al margen puro del cansancio

de

fe

nes

cencia absurda

in

ne

cesárea como una ventana

inútil

como un cuadro

a

os

curas

lascivos

co

bar

des

y yo miro

y tú tam

bien y no lo dices

pero ella ya

no baila

pan

de

reta triste

y la puer

peria

abierta

y el des

usa

do

velo

rasgado

por el ansia

del

ha

ren

queante

que ab

usa

sudor

aci

bar

aloe que

fortuny

acarició

como

pocos

locos sienten

sin ese azul

al que escapar

ma

tís

ico

y

mald

ito

baudelaire

y mallarmé

en su láudano

anecdótico

ab

sentado

en su

modo dejar

pasar

la vida

sin

va

lor

de

cambio

nada.

 Por Fernando Lorente

 

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Una de animales

by Administrator 29. septiembre 2009 12:38

 

 

En lo alto de la iglesia
campanea la campana
en su resonar egregia.
Las gentes acurrucadas
en sus camastros de palo
escurren el bulto y piensan:
“La misa no es obligada
ningún día entre semana”
y refuerzan su fe cierta.
Dentro de la iglesia estamos
quien lo cuenta, o sea yo,
y una lechuza andrajosa
que, huyendo de la ventisca
y de la nieve heladora,
por la ventana se aloja.
Se aproxima a la bujía,
y enfebrecido delirio
repentino le posee.
El búho bebe la vela,
vive la vida bebida
y alegre revolotea.
Yo veo beber al búho,
en el banco vigilando
con mis miserias sentado.
Hasta ese preciso instante
leía devotamente,
el misal entre las manos.
Pero el alboroto hace
que de mis dedos escape
el libro y pare en el suelo.
Me sorprendo fascinado
por esos tirabuzones
dignos de von Richthofen
y la baba se me cae
mientras contemplo extasiado
que se acerca una polilla
-mariposa de segunda-,
que obstinadamente busca
la luz que la vela alumbra.
Inevitable y ardiente
la vela prende las alas
tenues de la candelilla.
El búho disimulaba
andarse por las Batuecas
mientras esperaba cauto.
Por fin ocurre el milagro,
dentro siempre de la iglesia,
y la polilla en barrena
vertiginosa y fatal
cae y no alcanza a tocar
el macizo pavimento.
Recojo el libro del suelo
y con prudente recato
me dirijo al Creador:
“¿O sea que una lechuza
come y bebe de caliente
sin haberlo merecido
y yo aterido de frío,
miserable pero humano,
con el estómago huero
me distraigo y desconsuelo
sin tener un mal mendrugo,
con un libro entre las manos?”
Y el Hacedor enfadado
abrió un momento los cielos
y respondió de esta guisa:
“¿Mejor te hubiera venido
haber sido la polilla?”


Moraleja para todos:
De nada sirve rogar
simulando que rezamos.
Curra y ayuda a obtener
riqueza con tus dos manos
sin escurrir un instante
el bulto de tu tarea.

Y aquí se acaba el enredo
de una vela, un libro pío
y una humilde mariposa
-mejor palomilla boba-
cuando los colocas juntos
debajo del mismo techo
y los contempla con celos
un beato resentido.


Si esta historia que te traigo
no ha llegado a complacerte
porque con la mariposa,
con la vela sin aceite,
o con el libro de preces,
te hayas identificado,
no te apures, tiene arreglo:
echa una moneda al gorro
y olvídate de este cuento
.

 

Fernando Lorente
(De Casi sin sentir que fui)

 

 

 

 

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Diez intentos rondando la nada

by Administrator 28. septiembre 2009 14:48

Si tenéis un bastón, os doy el bastón.
Si no tenéis bastón, os quito el bastón.
Koan 44: “El bastón de Pa-Tsiao”



1

Deshazte del peso que te lastra:
como el ojo mendigo de luz, que apenas ve,
no concibes el sol entre penumbras.



2

Si tienes,
si eres,
si haces,
si insistes,
te doy más de lo que tienes
porque no lo solicitas.



3

Si supones,
si te admiras,
si no gozas de lo escaso,
te quito lo que no tienes
porque arraigaste huero.


4

Allí, en lo hondo,
por debajo de las piedras,
bordeando las letras de las piedras,
las palabras fermentan en el humus,
las lombrices oxigenan el estiércol.


5

Aquí, en lo alto,
por encima de las piedras,
provocando las chispas de las piedras,
las palabras se acobardan en el aire
y los pájaros se beben su desgracia.


6

A ras de suelo
los escarabajos continúan su tarea.
Ruedan su pelota sin soñar ciudades,
sin pulir envidias,
sin sufrir desprecios.
Cargan con su parte del contrato porque sí,
sin rehuir cláusulas.
Son escarabajos.
Eso es todo.



7

Sobre el asfalto
los tacones infligen su desdén:
auscultan síntomas,
punzan diagnósticos.

Las corbatas exhiben su sonrisa
con esa apariencia de sexo o de suicidio,
graffiti desolado en las pecheras.

Bracean confusos entre premuras,
trenzan fracasos,
uncen desánimos.

Brújula inútil,
voces,
ansia…
Pérdida.


8

Yo ruedo mi piedra.
Les doy lo que soy y se lo quito.
No atesoro coraza ni piedad.
Ya no anido en mi hastío.




9

Sísifo estúpido.
Escarabajo fatuo.
Herencia de infortunio.
Flor de la adversidad.
Herida irrestañable.



10

Cuando más dolió
un alarido se impuso.
Te acogí como a un cauterio.
Me quemaste y me quebraste.
Apoyado en ti fui sin intención.
Te entregaste y me nutrí.


Fernando Lorente (Casi sin sentir que fui)

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Eterno retorno

by Administrator 25. septiembre 2009 22:52

Verte y comenzar a fumar fue todo uno. Adiós a los diez años, siete meses y un día de tortura. ¿Para qué seguir? Lo dejé por ti. Igual que antes dejé la bebida. Y mucho antes de eso, ¿qué había hecho antes de todo eso?... No podía recordarlo. Cuando nos casamos fue como si hiciese borrón y cuenta nueva. Adiós muchachos, compañeros de taberna. Agur veladas literarias preñadas de humo y alcohol. Adieu sarcasmos escabrosos y escarceos voluptuosos. Bye bye amor de contrabando y sincopado. En argot taurino, me corté la coleta, pero en realidad me extirpé del mundo. Hasta que en una estúpida discusión te lo eché en cara. Todo lo que yo había dejado por ti, que era demasiado. Y llegó la gran pregunta… Y tú: ¿qué has dejado tú por mí? Y no dijiste nada. Simplemente te calzaste los zapatos, cogiste el bolso y te fuiste a casa de tu madre. Al día siguiente te llamé, pero fue inútil. Ya no tenías palabras para mí. Y así pasaron tres días de tormento… Hasta que te vi por la calle, ríe que te ríe con tus amigos y amigas (tú habrías dicho “amigotes”, pero yo no voy a caer en la descalificación fácil). No te dije nada. Para qué. Simplemente me compré diez cartones de tabaco y seis botellas de ginebra. Me encerré en mi chiscón (la casa cada día me daba más grima porque parecía seguir siendo sólo tuya) y bebí y bebí, y fumé y fumé, hasta que al final de tanto exceso me morí.

* * *

“Encontrado en su casa muerto por coma etílico. Los vecinos se percataron de que algo no iba bien cuando observaron que se filtraba por la puerta de la casa gran cantidad de humo y olía intensamente a tabaco. Cuando los bomberos derribaron la puerta encontraron el cadáver de José Fernández Kraus. El humo procedía de una pira gigantesca de cigarrillos encencidos. Posteriormente se comprobó que había inhalado compulsivamente el humo de más de cien cigarrillos, además de beberse cuatro botellas de ginebra”.

* * *

Ahora he vuelto a empezar. Por un fallo en el sistema de reciclaje, mi memoria no ha sido borrada, aunque me ha correspondido un cuerpo distinto. Por lo tanto deduzco que lo de la reencarnación es una pura filfa. No hay continuidad entre materia y espíritu, o como quiera denominarse. Simplemente, llegados a la tesitura del trance final, cuerpo, mente y alma van cada uno por su lado y lo único que se tiene en cuenta en el proceso de reintegración es que no vuelvan a coincidir. Quién lo tenga en cuenta y cómo se llame es otro cantar. A lo mejor todo se queda en una simple reacción química, desconocida en este plano de la realidad, que no permite que vuelvan a combinarse los mismos elementos. ¡Qué sé yo! El caso es que puedes reingresar a la vida humana con cualquier edad, sexo, raza, etc., etc. Todo es aleatorio salvo, ya digo, la repetición. En mi caso, como he podido comprobar, no se ha cumplido del todo, pero la verdad es que estoy contento: mi nuevo cuerpo tiene bastantes años menos -veinte para ser exactos-, es físicamente más atractivo, está mejor dotado en todos los aspectos y no arrastra ningún tipo de menoscabo. Una de las cosas que peor llevaba del anterior era el calvario de las varices y el suplicio de la artritis de tobillos, rodillas y caderas, ¡vaya, que tenía las piernas de Fred Astaire!... Pero lo mejor de todo es que ahora me toca a mí.

No me ha sido difícil encontrarte. Ni lograr que te fijaras en mí. La convivencia de tantos años hizo que te conociera al dedillo, con la diferencia de que ahora tengo cartas mucho mejores que jugar en la partida. Es más, puedo asegurar que ya comes en mi mano. Y no voy a permitir que las cosas sean como la otra vez. Ahora seré yo quien dicte las normas, quien ponga los horarios y quien juzgue lo que está bien o está mal de nuestra relación y nuestra vida. Tengo tanta ventaja que me da un poco de apuro: probablemente sea ese concepto judeo-cristiano de la culpa. Pero estoy en el trance de acabar con todo ello. Por lo menos en esta vida y con este cuerpo. Sé que no moriré jamás, en el sentido de dejar de ser definitivamente. Cuando esta envoltura carnal llegue a su fin, simplemente pasaré a otra, como quien cambia de alojamiento, y vuelta a empezar… Así que me estoy planteando montar una salida inolvidable de este cuerpo en tu compañía, naturalmente, pero no lo sabes. Luego, a esperar a ver qué me toca en suerte… Tranquiliza bastante saberlo. Sólo tengo que encontrar la forma de “avisarme” para los posteriores recambios. Entonces mi felicidad no tendrá fin y seré lo más parecido a dios que deambule por la tierra. Porque saber es poder. Dentro de poco lo comprobarás.

Fernando Lorente (De Entremundos)

 

 

 

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Llovía

by Administrator 24. septiembre 2009 14:07
Llovía. Llamaba el agua
al cristal de tu ventana.
Las gotas se deslizaban
y te buscaban morosas:
No te encontraban.

Trigo te llamas.
La aurora en tu boca
se desangra mansa
y en su dulce fuente
bebo un candeal
desayuno de besos
en mi boca restañada.

 
Callados y dulces
tus ojos musitan
color de esperanza,
rivales del aire
tus blandas pestañas,
sutil estilete
tu mirar en mi mirada.

Pan me pareces.
Carne te siento.
Dulce te nombro.
Triste te busco.
Laura de cuento.


Fernando Lorente
(De: Dulce pesar culpable)

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Epitafio

by Administrator 23. septiembre 2009 14:10

Cierra la boca. Abre los ojos. Mírame como a un igual. No tengas prisa. Sufre, que ya serás feliz en su momento. No desprecies nunca un buen combate. Vive hasta el último aliento como si fuera el primero. Y cuando mueras no te olvides de ser un cadáver tonto, silencioso y elegante. Como yo.


Fernando Lorente
(De: Entremundos)

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A David Moreno

by Administrator 22. septiembre 2009 13:16


A David Moreno, con mucho respeto



Se estrella en mi pecho un avión de papel:
así de sencillo y tan hondo.
Un avión de palabras,
un viaje de buenos deseos,
un hermoso anochecer de lectura compartida.
Aeronaves Poemáticas Eseá,
-David Moreno a los mandos-
pilota un cadáver exquisito
contra reembolso de la voluntad de ser libres.
Por megafonía el comandante nos advierte:
En Picassent se purgan disparates,
cadenas de errores o barbaridades
hechas por cualquiera de nosotros
en estado de desgracia…

Entre sus barrotes apenas caben las manos
y estos aviones mensajeros,
estas palomas de combate rimadas
y armadas con mimo y esperanza recién escrita.

“Desearía tomarme un cortado con mi mujer
y en esos minutos tener una charla cariñosa”.
Soy proclive al amor como la cuchara a la boca
y me enternece ese cortado que es un pacto y un paréntesis
y ese palique que salta entre los besos que se guardan con paciencia.
En mi cabeza satisfecha y casi feliz los imagino
en un chiscón en libertad y ahítos ambos de palabras.

“Rezando dos padres nuestros el asesino no revive a su muerto”.
¡Qué poso tan culpable que rezuma este verso!
¡Qué asunción domesticada de lo injusto del castigo impune!
¡Cómo deja mi cabeza sin sosiego, sin excusas, en silencio!
¡Joder con los reclusos!

El vuelo va llegando a su fin:
“Bienintencionados lectores.
Apunten sus lápices y disparen una dirección.
El avioncito sabe su cometido”.

La poesía sigue siendo un arma cargada de futuro.

Y David coge sus trastos,
se adentra en su silencio
y se lleva puesto mi corazón.

Fernando Lorente
(De Casi sin sentir que fui)

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¡Que me aspen!

by Administrator 8. septiembre 2009 12:58




Ese niño era yo. Seguro. No podía ser otro. Solía dormir en el suelo en esa posición aspada. ¿Quién había tomado esa foto? ¿Cuándo? ¿Por qué?

Yo era un don nadie. Un don me importa un pito lo que te pase que decía mi hermano mayor y único. Además, no sabía hacer nada bien. Sólo era peculiar mi forma de descansar. Dormía como san Andrés murió. Y viví mucho tiempo como una mancha borrosa de pura inconsistencia. Me abandoné a la molicie, me emborraché, me perdí y me encontré tantas veces que la cuenta hacía tiempo que sumaba una cifra ingente. Cuando naufragué por fin, mi tabla de salvación se llamó Lucía. Y enderecé el rumbo, y cosí mis velas y dejé atrás todo lo muy poco que fui, incluido mi hermano y su “don me importa un pito lo que te pase” con un “y a mí también”. Ahora tengo una mujer que me alumbra en un continuo presente y un hijo que limpiará mi recuerdo y llevará flores a mi memoria. No pido más. ¿Quién puede desear más sin quitárselo a otros?

Pero me gustaría saber quién me fotografió y cuándo y por qué. Sólo mi hermano pudo hacerlo. Pero hace tanto que desapareció de mi vida que no sé dónde lo puse, en qué rincón de mi afecto lo apoltroné, en qué lóbulo, en qué circunvolución cerebral lo crucifiqué, aspado, naturalmente, para que arraigara el olvido en su pura ascendencia. La pátina definitiva la puso la noticia de su muerte, venida por medios incongruentes… Yo le puse entonces un aspa en el margen de mi recuerdo y di sepultura a todos esos silencios tan incisivos que perfilaban su ausencia.

Y hoy recibo esta foto dentro de un sobre. Un niño de espaldas en el suelo. Aspado, desnudo, quieto por la foto y quieto, muy quieto, mucho antes de disparar la foto. Bajo su vientre un charco de sangre. Y mis manos traslúcidas pasan las yemas de sus dedos buscando las huellas del remitente. Un poco de calor en esta penumbra tan fría que llena de vaho la urna que me retiene. Y las temblorosas velas no ayudan en nada. Al otro lado del cristal, Lucía y mi hijo lloran. Y un hombre canoso que me recuerda a mí mismo en mis días felices les toma de las manos. Al fin y a la postre parece que sí le importaba.


Fernando Lorente
(De Entremundos)

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Doble entrada a sombra abierta

by Administrator 7. septiembre 2009 09:12

 

  

la sombra de la sombra

                                               debe de ser piel tenue

no sombra hecha de sombras

                                              mejor vuelo lleno de alas

ideo la belleza callada mente

                                              palpitante mente que urde luz

que trama lápices de verso

                                               toca  moldea  bulle  grita derrumba

lance riesgo dolor risa dados

                                               muerte idea puñal sangre vida

sombra sobre sombra a hombros

                                               de la sombra de gigantes

miro ciego la luz oscura

                                               toco la sombra tan dulce

de un labio que calla

                                               entre dos mundos la lengua

efervescente de sombra de penumbra

                                               adormilada en besos de sake

elogio de la sombra pura

Fernando Lorente

De Casi sin sentir que fui

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Cibergeometrías

by Administrator 4. septiembre 2009 13:30

 

 La malvada hipotenusa capturó a Pi. Después del interrogatorio Aurora se convenció de que lo hizo porque estaba aburrida. Además, ella misma confesó que ya había raptado en anteriores ocasiones a otras muchas constantes…

El día en que todo empezó no tuvo nada de especial. Los escolares habían buscado en el ordenador por enésima vez el consabido teorema de Pitágoras y después de leerlo y tomar las notas de rigor, olvidaron cerrar el sistema. Este tipo de descuidos ocurría a diario en la biblioteca por lo menos con un par de equipos. Aurora tenía que apagarlos al final de la jornada y era entonces cuando leía las pantallas, aunque a veces fuera demasiado tarde… Es triste admitirlo, pero los usuarios son poco originales en sus pesquisas. La última que le resultó un tanto ocurrente fue la de alguien que escribió “dolis penis” y obtuvo el texto: “dolls penis pumbs, lubricants, anal toys and more”… Las imprecisiones en Google son misteriosas y se pagan caras. Y  eso pasa, primero,  por no seleccionar las páginas en español y, segundo, por no escribir correctamente las palabras (poenis en lugar de penis)  o no entrecomillar los textos que se buscan literalmente. Es probable que el “investigador” rastreara datos relativos a las condenas por “exceptio dolis generalis”, pero, por su mala cabeza, aterrizó en un jardín de lo más florido… En fin, a lo que íbamos.

La hipotenusa se quedó elevada al cuadrado, pero sin novio. Es decir, Aurora suponía que uno de los escolares había planteado la famosa ecuación, cuantificó la h, pero no dio valor a ninguno de los catetos. Y, aunque su nombre sea tan elocuente y los catetos no tengan muchas luces, a Aurora todavía le alcanzaba la memoria para recordar que sabiendo el valor de la hipotenusa, por lo menos era necesario el de uno de los dos catetos para completar el triángulo rectángulo, ya que el otro se obtenía despejándolo de la propia ecuación. Pero con una hipotenusa tan crecida como aquélla había que andarse con ojo. Y sus temores se confirmaron. La hipotenusa creció y creció y creció y de su tiesto se salió. Y buscó una cifra con la que escribirse… Al principio se conformó con el número phi (φ),  tan dorado, tan proporcionado, tan ideal de la muerte… Jugaba a su favor el hecho de que ya formaba parte de su demostración, por lo que acercarse a él no infundía ningún tipo de sospechas: Aurora recordaba someramente de sus clases de dibujo que se demostraba el valor del número phi relacionando un cuadrado con un arco trazado desde el punto medio de uno de sus lados y cuyo radio alcanzaba el vértice opuesto…  Si a esto se añadía que cualquier cuadrado que se preciara de serlo contenía cuatro triángulos rectángulos iguales, ya teníamos a doña hipotenusa codeándose con el número phi. Pero iniciar una conversación y comprobar que era un elitista fue todo uno: que si “hay que guardar la divina proporción”; que si “yo formo parte de la naturaleza para armonizar sus medidas”; que si “mi razón áurea ilumina el tamaño de casi todo lo bello”… Un coñazo en suma. Lo grande es que como el soberbio numerito no quiso avenirse a un arreglo y restarse de nuevo para quedar como conceptos civilizados, la hipotenusa  tuvo que tomar un atajo. No le quedó otra  que buscar un cateto de buen comer que incrementara su valor de forma descomunal. Cuando lo encontró -al fin y al cabo el mundo de las matemáticas está lleno de enormes catetos- la hipotenusa creció de forma tan proporcional como extraordinaria y aplastó sin dudarlo a este señorito tan fino. Y volvió a quedarse sola, pero ahora con un tamaño descomunal, que incrementó más si cabe su necesidad de encontrar valores estables y que no incrementaran en exceso la superficie del triángulo resultante. Como no sabía a quién acudir,  rebuscó entre las otras constantes. Sería demasiado prolijo enumerar todas las que capturó. Baste con saber que fue a buscar a su padre, Pitágoras, dentro de la misma página: conocía perfectamente su propia historia y no le fue difícil convencerle de que le presentara a otro número. Y no se le ocurrió otra cosa que presentarle el suyo, es decir, el número de Pitágoras (√2). Pero a la hipotenusa no le gustaron sus modos, muy ariscos, casi militares, y le dejó marchar. Se tropezó después con la constante de Napier,  e, base del logaritmo natural. Tampoco fue lo que se dice un flechazo, así que probó suerte con las otras constantes de notación griega: la  de Euler-Mascheroni (γ), la de Feigenbaum (δ), la de Bruijn-Newman (Λ), la de Ramanujan-Soldner (μ)… Para abreviar, sólo decir que todas fueron una sucesión de secuestros fracasados que condujeron a la hipotenusa a un estado de aburrimiento que rozaba la depresión.  Pitágoras, en un intento desesperado por animarla, le presentó, por fin, a la constante de Arquímedes, el número pi (π).  Y fue entonces cuando se produjo el milagro: la hipotenusa se quedó sin palabras y cayó rendida a sus encantos: Pi era el hijo perfecto del perímetro de una circunferencia y su diámetro.  Así que podía considerarlo un buen partido, “el señor de los anillos”, se felicitó la hipotenusa por su ocurrencia simplona. El caso es que presidía cualquier ámbito circular: esferas, semiesferas, casquetes, coronas, cilindros, circunferencias, círculos…  Vamos, que era toda una celebridad en las ciencias exactas. Pero las cosas no se tienen con quererlas, ni siquiera en un mundillo tan preciso y cabal como el matemático. Así que surgió el problema nada más cruzar las primeras frases: Pi tenía mucho más mundo que la hipotenusa… y no le interesaba lo más mínimo una pueblerina que apenas dominaba la potencia al cuadrado. Como consecuencia,  se negó en redondo (nunca mejor dicho) a tener la más mínima relación con ella. Pero lo que Pi no sabía es que la hipotenusa era de armas tomar. Después de una serie tan larga de secuestros, tenía un oficio en el arte de la argucia comparable al del astuto Ulises. Así que propuso a Pi que si le demostraba de forma sencilla su valor exacto, no volvería a molestarle. Y el muy ingenuo mordió el anzuelo. Y entusiasmado por la realización de la consabida maniobra de la circunferencia de diámetro uno que rueda a lo largo de su perímetro exacto y da una longitud de 3,14159265358979932384…,  no se percató de que al final  le estaba esperando la hipotenusa para encerrarle junto a un cateto a su medida y formar, así, el triángulo perfecto.

Y en ésas estamos. La malvada y orgullosa hipotenusa había capturado a Pi. Y lo peor es que Aurora no sabía qué hacer. Había  comprobado que la breve ausencia de las constantes secuestradas previamente produjo una serie de perturbaciones matemáticas pasajeras, que empezaban y acababan en el ordenador que se había utilizado en la consulta o a lo sumo en el de al lado. Pero el secuestro de Pi estaba durando demasiado –varias horas, diría Aurora- y las consecuencias empezaban a dar muestras de su gravedad en todos los ordenadores de la biblioteca.  Así que “a grandes males, grandes remedios” se dijo Aurora y, como si de una médium se tratase, convocó en el ordenador central a la hipotenusa, la interrogó con una dureza casi despiadada hasta que logró su confesión escrita y, cuando ella reconoció que su comportamiento había sido peligroso para el sistema, pero que no se comprometía a no volverlo a intentar, Aurora tomó la única decisión factible: marcó a la hipotenusa como bloque y pulsó suprimir. Ahora sólo quedaba esperar que las consecuencias no salieran al exterior, y rezaba para que sólo fueran imaginaciones suyas que todos los rincones de la biblioteca, y las esquinas de las mesas, de las pantallas, de los espejos del cuarto de baño, y los ángulos rectos  de puertas y ventanas y de todos los muebles, se estuvieran volviendo redondeados.  

(De  Entremundos)

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Sin recelo

by Administrator 3. septiembre 2009 10:25

 

IV

  

Quiero ser hermano necesario,

corazón a juego con el tuyo,

día luminoso entre tus manos

no heraldo de la noche.
 

Quiero ser apoyo en tu cansancio,

sincera boca que te llama,

beso que borra tu tristeza,

no sombra ni muleta.

 
 

Quiero ser cantando tu silencio,

voz del hijo mío que te adora,

libro de poemas en tus manos,

no mutismo ni sigilo.
 

Hermano de mi hermana invulnerable.

Luz para tu sombra si lo quieres.

Sombra del calor de tu fatiga

nunca lastre ni castigo.

(De: Casi sin sentir que fui)

 

 

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Sin careta

by Administrator 1. septiembre 2009 14:20

 

III.

Nos convoca acreciendo los colores,

pedestal del recuerdo inalterable

alzado por la muerte testaruda.

Allí, tras la estela cincelada de su nombre

sepultó setenta y cinco años de certezas.

Nuestro padre, tuyo y mío,

se ha hecho carne y pan para gusanos.

Vivimos sin querer sobremorirnos.

Llenamos nuestra sola pesadumbre

con un hueco horadado entre la nada,

una ausencia glacial que nos remuele

en esta pérdida de la raíz superlativa

y nos sentimos de improviso tan postreros,

accesorios, prescindibles, descosidos,

como pájaros aliquebrados,

como niños entristecidos,

como mar sin navegantes,

y sin sal,

y sin olas,

y sin playa siquiera.

Entonces tus cenizas resurgidas parten

y comparten generosamente, sin palabras,

el pan de tu vida, la sal de tu tierra fértil,

la savia del amor que te rebosa y que nos nutre.

Después el futuro pondrá a cada cual en su lugar

y arrancará la máscara de los que decían

ser de otro material y amigos y residentes

en el corazón más privado de nuestro mejor afecto.

Y en ese instante exacto veremos el reflejo

de aquellas manos que veían tanto y de tan alto

nítido en nuestras manos, que son sus herederas,

aquellas manos incompletas y tan plenas en nosotros.

 

(De Casi sin sentir que fui)

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