1.
A veces un rasgar de zarpas triza su cautela.
Quiso ser distinto y soñaba lo correcto.
Mientras engullía mendrugos de pan duro
sus padres daban gracias al Altísimo en su nombre.
Y no le comprendieron.
Ablandó la ración de su escudilla
con sorbos de talento:
sopa de hadas,
crema de sueños,
pastel de duendes...
Y no le dominaron.
Quiso haber nacido
en otro lugar,
en familia ajena,
en tiempo distinto,
pero no era el caso.
Sólo restaba
resignarse
o luchar,
adaptarse
o morir...
2.
A veces un rozar de crines peina su memoria.
Quiso ser distinto e hizo lo correcto.
Mientras lanzaba versos de oro puro
sus padres descansaban bajo un RIP en una iglesia.
Y no le perdonaron.
Anegaba la tierra miserable
el aluvión de su doctrina:
ríos de manos,
lagos de lucha,
mares de gente...
Ya no dudó
ni de lugar
o familia,
ni de momento.
Precisó este sustrato para ser quien fue.
Y no lo consintieron.
3.
A veces un tizón de ira reaviva su rescoldo.
¿Qué hacer antes de morir?
Vivir, dice un anuncio.
Fernando Lorente
(De Di que fue...)