Bastón que tintinea y busca luces
en el centro riguroso de la noche.
Me ritmas y mitigas y te callas
como esquila apaciguándome las sombras.
En la noche reconozco que eres dueño
de todo lo que dije sin pensarte,
saboreándote artesano de esperanza,
sintiéndome deudor de tu altruismo.
Te sustentas en reflejos de lo oscuro
transparente promesa de camino,
pulcritud de los cristales de obsidiana.
Te transito recóndita vereda
y concibo tus sutiles controversias
como aves que desdeñan mis señuelos.