Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo
y las olas en el mar.
Francisco Umbral. Mortal y rosa
Aunque pudiera creer que las nubes en el cielo transitan impulsadas por tus besos, que las olas del mar se mecen empujadas suavemente por la tenue cadencia de tu cuerpo, he claudicado de creer en ti.
Entre las palabras dichas expira la tristeza toda de lo posible, como estertor recién recuperado, pecado tan venial e insoslayable. Decir y luego agonizar callados, fina línea expoliada del silencio, de su desmán último y caprichoso: cada palabra dicha difumina el orden tan estricto de lo mudo y elige un mundo pobre para ser despojo de lo que acaso alcanzara.
En el tedio de la voz que te nombra renuncias y te extingues al unísono, breve luminaria ahíta de negrura. Padeces como estos endecasílabos disfrazados de prosa desahuciada, percutiendo tambores de desastres, alumbrando atardeceres aciagos, resumiendo con un beso lo muerto.
Como lo bello de inefable túnica desnudo, de redondas oquedades cariado, de podridos intereses corrompido, te suplico clemencia, ahora que de tu sangre sin palabras brota la desmesura de tu amor yugulada por mis salvajes manos.
Te temo aun yerta y fría entre mis brazos: no sé como escapar al maleficio de tus ojos abiertos que me buscan y que sin hablar me acusan, desprecian y delatan fijamente encelados.
De Entremundos