Tímidamente la vida despliega su estrategia con silenciosa calma. Urde nuestros días, tañe nuestra risa y tensa nuestro miedo hasta callarnos la voz.
Lúcidamente la vida inyecta su anestesia con sigilosa espuela. Nutre nuestra muerte, palpa nuestro anhelo y guía nuestros pasos hasta alcanzar el final.
Trágicamente la vida empuña nuestras riendas con similar fortuna. Curte nuestras ansias, lima nuestros dientes y clava nuestra pena sobre un luto de cartón.
Últimamente escucho la música tímida de mi sangre lúcida que se cierne trágica sobre mi futuro como una cascada de silencio rojo que vulnera el tiempo que perdí al nacer.
De Entremundos