NO TE MUEVAS.
No digas nada.
Solo siente.
No te creas que la noche ampara
tu silencio de metal y olvido.
Sólo deja murmurar al viento
y cobija retador o atenazado
en tu garganta el miedo.
Háblate al oído de tu boca muda,
cuéntate mil veces tus desastres...
Pero no te muevas:
Llora solo quedamente,
llora solo hasta secar
las lágrimas renuentes
del saldo que te tocó plañir
por tu inocencia.
Llora como llovía en los campos
de tu felicidad bien laborada.
Gime y silenciosamente llora.
Y luego calla.
De Dulce pesar culpable