A Paul Celan
“La cicatriz del tiempo se abre y cubre la tierra de sangre”. Apunta con el fusil. Las arrugas surcan sus lágrimas como navegantes enjutos. El ojo se encarama en la mira y lo encrespa el resplandor. “La meretriz del tiempo se nutre y ubre de sangre la tierra”. Se congelan los segundos en cuajarones baratos de calostro estéril. “La bisectriz del tiempo se pliega y tunde la tierra de sangre”. Atraviesa el espacio a lomos del estampido que rebusca su rayo. El bisturí disecciona el ángulo exangüe en la morgue oscura… La boca morada, la lengua hendida en su frenesí último. “La cicatriz de tierra se cubre y pudre la sangre del tiempo”. El golpe seco del cuerpo que se desbarata en el lance postrero de dados, palillos, runas, prendas, monedas, “tres con las que saques”. Siempre el blanco en blanco. Ignorancia de la pérdida. “La tiempo se tierra de cubre y sangre la abre del cicatriz”. Afasia. Agramatical. Agnosia. Apenas anda/nada/adan/adn…
De Entremundos