by Administrator
17. agosto 2009 14:22
“Lo que temía:
sólo existe el ahora
como ahora mismo.
Acumulaba
mientras sobrevivía
instantes mínimos
y al contemplarlos
me mentía la idea
de lo pasado.
Pero es inútil
obcecarse en lo vivo
cuando estás muerto.
Reloj a cero,
no sé cómo recuerdo
lo sucedido.
Vuelvo a estar hecho
de ahoras diminutos
que se disputan
vehementemente
la verdad como perros,
la hez como moscas.
Vuelvo a dudar.
Mientras tanto transito
caminos viejos
que me conducen
de cabeza a la duda.
Se cierra el círculo:
no saber es
un círculo vicioso
para soberbios;
como yo mismo,
que a duras penas ando
urdiendo mundos
donde perderme,
quizás justificarme
o sepultarme,
pero buscando
poner las etiquetas
que me permitan
catalogar
el contenido todo:
la vida breve,
la causa justa,
la muerte necesaria,
nacer crisálida,
vuelta a morir,
entre mis propios brazos
abandonado.
Y mientras tanto
desfallecer inerme,
surgir a tiros
como se surje
del fondo del abismo
que llevas dentro…
Me contradigo.
Seguramente sea
sólo el aliento
que me alimenta
y envenena mi muerte
cuando es preciso.
Descubro ahora
los desmanes sutiles
del infinito
conocimiento
imprescindiblemente
desasistido
del individuo,
de las burdas pamplinas
de trascendencia:
si solo somos
hombres inacabados
de arriba abajo;
si comulgamos
con ruedas de molino
constantemente
ninguna parte
será el mejor destino
para los pasos”.
De: 101 haikus para naufragar
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