Mas se fue desnudando,
,y yo le sonreía
Juan Ramón Jiménez
Vino en dientes de deleite temprana de bocados,
gota de vejez tardía trocada en alborozo,
acre de calostro recio, nutricio, todo linfa,
rehuyendo la palabra como artefacto estéril.
Fue dócil, acendrada, puñal de vanagloria,
acosadora tosca de reflejos opacos,
redentora flagrante de desiertos ficticios.
Y luego fue palabra
y amasijo
y carne
y sangre
y me hizo daño.
Y en burdas cicatrices de sintagmas obscenos
inscribió despiadada su ruin metamorfosis:
vagido primerizo podrido en estertor,
disputa singular con los gusanos últimos
en corolario agónico transido de epitafio.
Dudo que seamos capaces
de dudar impunemente.
Varada mi inventiva, me contemplo abstraído
desdeñado por ella, esquiva y casquivana,
baluarte demolido por una hueste núbil.
Al poco la progeria sabrosa de mí mismo
reivindica su esencia, y restalla su ley
poderosa, brutal, abridora de carnes
como un látigo de años, como cómitre duro
de esos versos tullidos cruelmente abismados,
y me abandona al pairo de una galerna muda,
ectoplasma, ave fénix casi sin sentir que fui.
De Casi sin sentir que fui