II.
Ahora que te llevo entre mis manos con esmero.
Ahora que te escribo estas sencillas obviedades.
Ahora que la carne semejante de mis huesos
te reclama como hermana imprescindiblemente:
te recreo regocijo del silencio,
te designo pilar esperanzado,
te proclamo baluarte inexpugnable
de la vida entera que te sueña.
De Casi sin sentir que fui