Llovía. Llamaba el agua
al cristal de tu ventana.
Las gotas se deslizaban
y te buscaban morosas:
No te encontraban.
Trigo te llamas.
La aurora en tu boca
se desangra mansa
y en su dulce fuente
bebo un candeal
desayuno de besos
en mi boca restañada.
Callados y dulces
tus ojos musitan
color de esperanza,
rivales del aire
tus blandas pestañas,
sutil estilete
tu mirar en mi mirada.
Pan me pareces.
Carne te siento.
Dulce te nombro.
Triste te busco.
Laura de cuento.
Fernando Lorente
(De: Dulce pesar culpable)