ESPERABA TUS PALABRAS
acunadas previamente
en un café del mar de la Paja,
perdón, plaza
± receptáculo empedrado,
adoquinado desdén de bienvenida,
mejor, cita
± mariposas en los nervios,
apoltronado malestar escarnecido.
TAMBIÉN FRÍO
en pequeñas
ráfagas
de bruma,
y tú que apareces en tu bici roja,
en tu risa niña tan anciana
querube añoso/novel demonio
y nuestros corazones en el centro de la mesa
entre vermut, bíter y cerveza sin alcohol desazonados,
todos al borde del brutal desasosiego,
que no vienes,
que te tardas,
carcelero de la pena
que me muero gota a gota
que no vienen
los que se demoran,
nuestro Pedro el grandísimo poeta
-verbo preciso y estudioso de la flora
fememina que rebosa de alegría
nuestros ojos en el metro-,
y Cristian el inefable merodeador
de espacios infiniquitos y certeros,
y mis mexicanas Anel y Roxana
-refugiadas en lós pétalos del manual de las sorpresas,
sexo enigmático-morado, corazón de caramelo,
ventanas, distancias y mosquitos de por medio-
que esperamos
los que ya estamos,
mi María la Torvisco
-puñal preciso de palabras, rizos negros,
risa franca, exuberancia plena-,
mi Marisa amadora de la luz
-crujiente como tímido pan de madrugada,
encinta de vocablos diminutos y certeros-
y yo que apenas rezagado
por taimadas instrucciones imprecisas
alcanzo esdrújulo e inquieto
el grupo mínimo del naufragio del verano
-¡joder, sólo tres en este intento!-
Y POR SUPUESTO VERSOS
reposados, regurgitados, rescatados
de la indolencia del verano y su soleado silencio.
martes de 19 a 21
laboratorio experimental avanzado
para poetas insomnes
para vates desesperados de la prosa
para bardos de dudosa resonancia;
para mí, por ejemplo,
que deambulo Entremundos
poblados de penumbra y miedo.
Por todo lo anterior,
y salvando las posibles causas de desastre,
trasladaré mis huesos a esa rúa empecinada,
pagaré gustoso mi cuota-óbolo-rescate
y escandiré de nuevo mi vida
en el coro de mi circo preferido,
plena polinización bien demorada
de la palabra justa en vuestra boca
admirada-anhelada-auspiciada
por la mía.
Nos vemos en noviembre
Salud y saña
para lanzar versos
como piedras
a la luna de la vida.
(¡A ver si deja de reírse cada noche!)
Fernando Lorente