[Te conmovías incandescente.
Te abandonabas confiada en la ternura
y paulatinamente abatías tus murallas.
Un atardecer se adormecía en tu penumbra
y tan enmudeciendo en la nostalgia
irradiaba la irreversible agonía de la tarde.
Y te amaba más.
Y te obsequiaba con la nítida constancia de mi calma.
En cada beso todos los labios se resumen.
En cada labio todas las lágrimas abrevan.
En cada lágrima todos los pasos se remansan.
Ven, ven de risa y amapola.
Ven de prístina alegría
a adormecerme entre tus brazos,
a encandilarme el corazón con tus palabras.
Ven de súbito y silencio
a desbridar la desesperanza de su soberbia atalaya.
Que en tu soledad de salmo mudo
resplandezca la esperanza.
Que en tu plegaria se posen subrepticias
las albricias de tu boca.
Y que sólo yo sepa acotarte
parámetro imprescindible de mi alma.]
Fernando Lorente
(De Casi sin sentir que fui)