Un niño desasistido de ubres
–Rómulo o Remo sin loba-
parió tu noche sin ojos.
Nocturna y primordial
tu mirada es cálamo que graba
los silencios de los roces;
la frescura de las mamos
tentando cansados párpados,
la indolencia juvenil
emboscada en linfa venidera.
Un vagido extirpado de bocas
–sin dientes, sin risa-
abolió la estirpe íntegra en su raíz.
No queda mañana en esos niños
ancianos de piel acartonada,
sueños envasados al vacío
de su ausencia de calor,
pellejo curtido a golpes
de tristeza irreprochable.
Un sacrificio discreto y cotidiano
–afilados colmillos del tedio-
urde extremaunciones
y campa a sus anchas en la nieve
de los últimos recuerdos.
Agonizan degollados,
descuartizados, impúdicamente
expuestos sus delicados órganos
por la infame sevicia de los mediocres.
Todo está perdido.
Fernando Lorente
(De Di que fue...)