A André Gorz y Dorine Keir.
In memoriam.
Desde que amaneció ya era muy tarde.
Entre los chopos correteaba fresco
el alba recién lavada del día
y entre las piedras sorteaba el agua
con su melodía mojada y triste.
Entre sol y luna ambos se fueron
con esa majestad, esa elegancia
entreverada de mimo y detalle.
De mutuo a cuerdo y sin ninguna escena
se besaron e iniciaron al poco
su travesía hacia ninguna parte,
sin la menor sombra de duda solos,
cada uno su vieja soledad
elaborada, cuatro manos lacias
entrelazadas en el mismo lecho.
Fernando Lorente
(De Siete veces siete)