Te vas apagando como si te fueras,
como una vela encendida que se obceca al viento,
como salvedad expresa de lo más recóndito,
como si estuvieras hecho de metal de nieve.
Te vas rindiendo y caes como cae la lluvia.
Y me vas empapando profundo y doloroso.
Secas con tu inmaculado alumbre cada pústula
mojándome esa sed de desierto que me dejas.
Me vuelvo mineral mudo, apenas duelo,
depósito estéril de flaquezas manifiestas,
huella prescindible de supervivencia perra,
con todo el respeto que me merecen los canes.
¿En qué copa beberme tu ausencia?
¿En qué cofre guardar tu silencio?
Me sigue mojando tu lluvia tan lánguida,
lloviéndome manos que parecen tuyas
recorriendo mi piel y reconociéndome,
sanando las llagas que la vida urde,
aliento redondo que templa mis ansias,
caricia de niño tu beso en mi pelo.
Fernando Lorente
(De Pies de nieve )