Al principio peleó con el frenesí de un loco.
Esgrimió mil disculpas para evitar cada cita:
Desdeñaba la idea de morir para morir.
Atesoró jornadas a pesar de los pronósticos.
Planificó con rigor su tarea de durar.
Siguió queriendo a sus hijos con detalle minucioso.
Y aunque su miedo atenuaba con un paño de distancia
el esplendor de los ojos, la viveza de los rostros,
el gorjeo de las coplas, la campana de las risas,
la solidez de los pasos, el vigor de los saludos…
trasladó montañas y mares para ganarnos el pan.
No estaba por la labor de hurgar la lástima ajena.
El sol caldeaba sus pies, y bien que lo agradecía.
Se resistió hasta el final: era un buen trabajador.
Fernnado Lorente
(De Pies de nieve)