Arribó a la ciudad:
una batahola de coches le rindió honores
y un agente municipal le saludó cortés:
“¡Está loco!... ¡No se cruza sin mirar!
¡Le han podido atropellar diez veces como poco!”.
Y tomó posesión de su plaza y sus agobios.
Fernando Lorente
(De La miel y la hiel)