Yo te soñaba casa misteriosa,
puerto de mi alma necia y huidiza,
amparando mi ignorancia eterna
con tu grácil delicadeza sabia.
Yo me imaginaba sólida nave
surcando osado el lienzo inabarcable
de los besos que callaba tu boca
al dibujarlo con tus labios de aire,
erizando de párpados mis mares,
capeando con clamor insoslayable
tantas y tan procelosas tormentas
colmadas de azabache y de ternura
que superaba a Ulises y a Jasón
fácilmente en sus míticos periplos.
Yo me sentía tan inexpugnable
al abrigo seguro de tus brazos
que llegué a persuadirme de que siempre
me tendrías un querer tan certero
y tan alegre como el que disfrutan
calladas las abejas cuando liban.
Fernando Lorente (De Dulce pesar culpable)