I
Palabras.
El escrúpulo se agolpa y contorsiona.
Es obstáculo sutil pero insalvable.
Qué decir...
Qué llorar...
Qué pensar...
La emoción se entrecorta tartamuda
pretendiendo modelar este bloque
de repente tan marmóreo
que es la voz.
Qué durísima verdad es la mentira.
Vivir, amar, fenecer...
Deambular caprichoso de sombras
confundidas en la noche tenebrosa.
Palabras.
El recurso articulado y obsoleto.
Qué decir...
y para qué.
Las palabras son abismos.
Religión.
Política.
Exceso.
II
El lenguaje es ángel exterminador
vestido de lenguas varias:
Cuando el golpe de silencio
se instauró con dos aviones
el once se desplomó con prisa de sus torres,
se consoló el dolor pariendo aullidos
y la palabra fermentó de nuevo
en la boca sucia de cada asesino.
III
¿Qué pretendo?
El engaño es ropa cómoda,
adaptable a cualquier caso.
No sufro.
Constato resignado.
La vida duele cómodamente.
Con horario.
Hoy tengo mi dolor de doce a una.
Ajusta el tuyo de tres a cuatro.
[A las cinco en el cole espera el niño].
Los cuerpos desmembrados se ciernen en el aire.
Ya no nos llueven macetas mojándonos el miedo.
Era tan corriente que pasaba por vulgar.
Ahora te ilustra el atuendo un rojo visceral,
te extirpa la rutina el golpe sorprendente
del brazo amputado de un chiquillo.
La vida vive su rutina ahíta de distancia
y el engaño nos exhibe como hienas educadas
que no eructan en la mesa.
La mentira es ropa tenue y deleznable
que disfraza indecorosamente obscena
de sublime quintaesencia divinal
el alma más ramplona y perdularia.
Y esos diosecillos indolentes
que gobiernan nuestro barro corrompido
vociferan órdenes lacónicas y crápulas.
Y nosotros,
acólitos borregos
de este légamo exangüe,
nos alienamos alineados
en el burdo afán del matadero.
[¡Ave, lumpen,
los que viven de ti
se rebozan!]
IV
La escritura es amasijo trivial de renglones como rejas.
Encerramos en palabras nuestra decadencia
y superpoblamos innumerables celdas
en el loco afán de borrar lo que incomoda.
Escribimos y acallamos
lo que debiera ser clamor...
Y así la estructura
de lo ausente
se hace carne patente
en los renglones vacíos del silencio.
Entonces el mensaje se envilece: Deme un cucurucho de lágrimas sin pena
y por un euro te ponen en la tele
lo de Irak hasta la náusea.
Y nos dicen
que procuran
que esos presos peligrosos no se fuguen...
Armados con sus brazos
imploran con su lengua,
las armas de destrucción masiva más letales
inventadas por el hombre.
Estad atentos, gobernantes,
y sed sumamente cuidadosos.
El ejemplo podría cundir y arruinaría
vuestro pingüe negocio
de la voz domesticada.
[Hay que planificar la estrategia de mercado,
porque tanto cadáver de papel es indigesto...
A ver si empiezan las rebajas
y la voz se aviene con el seso:
¡Entonces sí que vamos a estar jodidos!]
Fernando Lorente (De La plegaria de las piedras)