Lo supe ayer.
Se incorporó al rimero
de mis certidumbres:
Los pájaros no maman
-monotremas excluidos-;
los peces no sollozan
-qué papel en el mar
jugarían las lágrimas-;
los toros se visten de luces
alumbrando toreros muertos.
Como decía ayer
me lo contaste.
Turba el disgusto
la calma de los árboles,
frenesí de sudor abotargado.
En general
tú apenas hablas.
Vas con prisa y absorto
en las ondas hertzianas:
magia y quimera
acunan tu descuido.
Pero es que ahora
por fin lo has dicho.
Sutil empalizada.
Tormento detallado
claveteando las risas,
rayendo los silencios
en su metamorfosis.
Ahora estoy triste.
No lo esperaba.
Un nudo en el estómago
confunde miedo y desencanto,
cose un crespón sobre mi risa.
Te desenvuelves
deshaciéndote del que fuiste
con una sola frase.
Yo tengo el tiempo remanente
con forma de calvario.
Quizás te culpo.
Te lo quitas de encima.
Lo asumimos nosotros
como podemos
si es que podemos.
Está por ver
dónde para el dolor
de saberte distinto
tan de repente.
Fernando Lorente
(De Di que fue...)