Exactamente, “Yo solo bebo leche”,
fue la respuesta que recibió María
del alcohólico concreto que trataba.
Estaba seguro de aguantar el tipo
y cantarle las cuarenta al sursum corda.
Bien podía haber bebido “lo normal”,
pero era más que torero y lo sabía,
y mentía más si cabe por lo mismo.
Y dice mi amiga que había grabado
en los bordes de su espacio subdural,
una férrea voluntad de encaramarse
en los secretos anales polvorientos
del cinismo de mejor mampostería.
Todo lo que siguió alternó sabiamente
diagnósticos precisos, artificios
y estrategemas dignos de la Guerrero.
Pero, ¿quién perdió la partida? pregunto.
Pues está claro, el lactófago presunto,
farsante cada vez más venido a menos
preso en los vericuetos de sus embustes.
La vida es genio y siempre se desfigura:
no falte la risa, que a todos espera
al final de este viaje la sepultura
y mejor será no haber sufrido tanto
intentando aparentar cosa distinta
de lo que somos ya que, tarde o temprano,
descubre el que supone lo verdadero
a los que mienten a bulto y sin sonrojo.
Fernando Lorente
(De Di que fue...)