A veces jugaba a doler como si fuera falso,
como si pudiera desabastecer la risa y todas sus corolas,
casi como si no fuera yo siéndolo desde el principio
y de mis pétalos se apearan los estambres mareados
y las abejas devoraran mis palabras fermentadas.
A ratos tentaba a la suerte y me despreciaba
por no haber tenido el coraje de disentir en todo y porque sí
por el simple hecho de estar vivo para negarlo
y de mi mente manaba un hilo conductor para el veneno
restañado y escondido a los buenos de corazón.
A siglos hurgaba en el baúl de las piltrafas
con la esperanza estéril de extirpar el ansia a la galerna,
con la renuncia expresa a reverenciar la nieve impúber,
el sol dorado y toda esa idiotez de estómagos a sueldo de la vida,
pero ella se agazapaba como si no estuviera.
Fernando Lorente