Dame pan y llámame pena
y luego llueve despaciosa,
como si fuera imprescindible
sentirse limpio y bien llorado
o, acaso, patán impreciso
deletreando desastres toscos;
como si pudiera fijar
las ansias con los clavos leves
de tu boca ya tan sin labios.
Llámame mal y dame quimeras
y después escarnece pupilas
como si en mí mismo hallaras todo
lo que la vileza en los rincones,
o la bajeza en los mentideros,
o la pereza en su mejor tálamo
pudieran cegar y emparedar...
Al fin y al cabo yo soy tan yo
que me soporto tautología,
postulado sofisma, axioma, contradiós.
Fernando Lorente