La vida es una noria desconsiderada y cabrona.
Seguro que ya no moriría por ti
a estas alturas de la crónica:
cincuenta y dos años esperando sin saberlo.
Te perdí entre reflejos aristados de volutas
irisados de alcohol y medianía,
y fuiste dejando un rastro como
de baba de caracol e indiferencia.
Te llamabas... ¿cómo te llamabas?
Fernando Lorente