Y pasó el tiempo
e intentó salir del fondo de sus propios ojos,
verse como era antes de tanta sinrazón.
Y aunque recuperó los aromas perdidos,
la hermosa taracea de los huertos del trasmonte,
el olor de su madre, el firme mirar de su padre,
la plácida ternura del rostro de su abuela
al final del camino,
todo fue inútil.
Fernando Lorente
(De Elegía del militante)